Un conocido político, cinco veces candidato presidente de nuestro país, rompió la monotonía del ámbito electoral de su época, con la frase cruda y popular “se armó el despelote”, graficando los movimientos de partidos y personas en todas direcciones, cambio de camisetas, traiciones, vendettas, alquiler de casilleros, descalificaciones y muchas formas más de adaptarse a los intereses de grupos y personales de quienes viven del poder político. Lo triste es que esa es la “plena” verdad. Cada vez que el CNE llama a elecciones, se mueven las frutas en todas direcciones. Reaparecen seudo movimientos y partidos que no sirven sino para ejercer la prostitución política y convertirse en moteles de temporada. La fachada insinúa que tienen miles de afiliados o adherentes, que no son sino la prueba de que por razones sospechosas, los supuestos firmantes desaparecieron por las mismas.
Este panorama es el que, precisamente este momento, estamos viviendo en todo el país, no siendo excepción la provincia de Cotopaxi. Parece que “al unísono” las momias políticas se levantaron de la tumba donde los votantes les enterraron la última elección, para deambular como fantasmas buscando interesados en “negociar”. ¿Dónde estuvieron escondidos todo este tiempo? Lo menos que podríamos esperar es que ejerzan su rol de ciudadanos y participen activa y colectivamente en la vida cotidiana, aportando propuestas, exigiendo a las autoridades en funciones el cumplimiento de las ofertas de campaña y en definitiva construyendo democracia, como lo repiten hasta cuando duermen, para alcanzar una imagen de profesionalismo y compromiso de servir a la comunidad, y no solamente cuando reciben un sueldo jugoso en ejercicio de funciones de poder.
Yo me pregunto, ¿Con que cara pueden reaparecer a pedir el votito, ofreciendo el oro y el moro, si no han participado en el ejercicio de la democracia participativa como debemos hacer todos? Se acuerdan de las promesas de quinceañera solamente cuando necesitan sumar votos a cambio de promesas banales que saben que jamás cumplirán. Su estrategia se fundamenta en atacar al opositor, es decir quitarle votos con la esperanza de que le endosen al acusador. Ningún candidato se “desnuda” intelectualmente frente al electorado para demostrar sus fortalezas y las verdaderas intenciones en caso de ser elegido. No tienen visión ni preparación para afrontar el reto que enfrentan. Basta con tener un discurso florido y un pueblo que coma cuento, y alcanzarán el anhelado puestito.
Las “frutas” se mueven en nuestra provincia sin importan colores, razas, antecedentes, capacidades, intenciones, fortalezas, debilidades, ideologías, transparencia, vinculaciones ni nada. Lo importante es cuadrar los intereses del grupo y sus dueños, verdaderos “oligarcas” como lo define la RAE “Forma de gobierno en la cual el poder político es ejercido por un grupo minoritario” a espaldas del pueblo, que de mala gana consigna su voto. No hay duda que, de no ser por el voto obligatorio, las urnas quedarían vacías ante la inconformidad e impotencia que le azotan día tras día.
El escenario que tenemos este momento es vergonzoso. Desesperadamente, todos buscan mujeres y jóvenes para llenar las listas, mientras que los “reales candidatos” deben tener la chequera apropiada y la disposición a ejecutar lo que llaman “proyecto político”. Detrás, estarán los futuros contratistas, padrinos, asesores, directores, consultores, dispuestos a contribuir con su “granito de arena” que será una inversión muy rentable en su beneficio. Esto es lo que realmente tienen armado los que buscan reelección. Otros, neófitos, quieren entrar para aprender rápidamente la forma de hacer dinero fácil, sin tener la menor idea de administrar una ciudad que debe mirar a un horizonte de al menos 25 años. Finalmente, revisemos los antecedentes de todos.
¡ESCOJAMOS BIEN!