La creación del Estado como entidad jurídica y de protección social fue un hito dentro de las transformaciones sociales que permitieron mayor justicia y amparo para todos, especialmente para los menos favorecidos, sin embargo, para que esta entidad jurídica sea efectiva se requieren funcionarios que sirvan eficiente y éticamente, implicando jerarquías y dependencias que actúen en cumplimiento de leyes y reglamentos.
Tiempo atrás comentamos cómo era la selección de funcionarios en China, en tiempos de Confucio los funcionarios se elegían en una gigantesca sala donde mediante un examen respondían un conjunto de preguntas, los mejores eran seleccionados y entraban al servicio imperial que exigía agilidad, precisión, disciplina y honestidad en las tareas encomendadas.
Actualmente en casi todos los países ingresan al servicio del Estado, una buena parte por conexiones o interés explícito de quienes tienen poder e influencia sea política o económica, determinando la sujeción de estos funcionarios a intereses diferentes al beneficio colectivo, son ubicados allí para cumplir determinadas consignas haciendo que la maquinaria del Estado dirigida al bien común torne a intereses económicos particulares.
En la actualidad entra en escena otro componente, el poder narco que es abrumador y pese a la lucha que se hace sigue permeando al planeta, especialmente donde hay recursos que explotar, en momentos determinados ya nadie sabe quién es quién, requiriéndose una legislación efectiva que pueda reducir este terrible mal que junto a las guerras son jinetes del Apocalipsis.
Los funcionarios estatales en todas las dependencias, médicas, económicas, sociales, seguridad y control son ecuatorianos capaces, sin embargo, un segmento llegó por influencias y no garantizan un buen servicio, salvo para los intereses específicos de quienes los pusieron allí como los casos “Progen y Austral”, por eso es necesario fortalecer el Estado, que los supremacistas quieren suprimir como vemos en el norte donde un ególatra quiere gobernar como soberano.