¡Definición esperada!

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Como nunca antes un proceso electoral ha sido tan complejo, esperado y expectante como el del último domingo 21 de junio. Resulta que los ciudadanos estaban eligiendo al presidente de Colombia para los próximos cuatro años. Se esperan cambios en la dirección correcta. No se tuvo suerte con Petro que, para empezar, no cumplió las expectativas que generó, y por el contrario provocó una cantidad de eventos deslucidos, no compatibles con la alta investidura que ejerció.

Para nuestro país, con el triunfo de Abelardo de la Espriella -persona que cree en la libertad política y económica-, tiene un significado especial que esperemos redefina la relación bilateral con Colombia. No nos fue bien con Petro: demostró una actitud hostil y poco colaboradora. No recuerdo otro jefe de estado colombiano que nos haya ninguneado como este señor; cero expresiones de amistad con su vecino que tradicionalmente se ha relacionado y llevado bien y necesitado mutuamente.

Desde el punto de vista diplomático no tuvo el menor rubor de abogar por la libertad de Glass -a la salida del mismísimo hemiciclo legislativo-, aduciendo que es un preso político y descaradamente después dijo que es “ciudadano colombiano” para avalar su falso reclamo. Una falta de respeto del tamaño de una catedral que no tiene precedentes, constituyendo la demostración palmaria de su falta de educación, respeto y consideración para un país que ha sido hospitalario, cooperativo, con actitud respetuosa.

La izquierda extrema colombiana, representada por Cepeda, no se convencían de que perdieron, con poco, pero perdieron y han sido derrotados: la gente se canso de sus políticas de gobierno, de su forma de relacionarse con otros países, de provocar impasses innecesarios, de sus incoherencias permanentes, con discursos cargados de falacias, verborreas e insultos, que provocan vergüenza ajena a los ciudadanos, aparte de su cinismo al hablar de haber combatido a los denominados “bandidos”, calificativo dado por el presidente Alvaro Uribe Velez.

Tenemos la esperanza de que Abelardo de la Espriella hará honor a su palabra de cooperar activamente con Noboa en el control de la frontera que fuera descuidada absoluta e irresponsablemente por el gobierno petrista: abandono de las fuerzas militares que ha dado como consecuencia que mucha droga ingrese fácilmente al Ecuador, a pesar de la presencia de nuestro personal militar que obviamente requiere coordinación para enfrentar un problema transnacional. No es dable que no se hayan destruído las plantaciones de ckca existentes en dicho país.

Si sabemos aprovechar el nuevo escenario que se nos avecina, podemos abrigar la esperanza de que mejorarán los índices de seguridad, se ampliará el comercio justo, la coordinación política con otros países para combatir la delincuencia transnacional que ha causado desesperanza, atraso, violencia en varios países de la región. Por fortuna, ya son muchos los presidentes de sudamérica que coinciden en la necesidad de precautelar los principios democráticos que garantizan la vida, la libertad personal y de empresa, transparencia, propiedad privada e igualdad ante la ley.

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