El mundo se encuentra futbolizado, es una frase utilizada frecuentemente, en cierto modo es verdad, la información, el comercio, la actividad diaria familiar, la administración de la salud, la alimentación, la educación, los ingresos, los actos sociales, políticos o religiosos, los juegos de azar, los viajes y todo lo que nos imaginamos tienen que ver en alguna forma con la propaganda y práctica del futbol. Al momento, se debe haber movilizado en el mundo miles de millones de dólares.
Este fenómeno social y sociológico es comprensible si lo miramos desde el punto de vista de su definición. El diccionario dice: Social, relacionado con la sociedad, la comunidad y la interacción de los individuos. Es un estado de pertenencia. Sociológico, es todo lo relacionado con la estructura social, funcionamiento, interacciones y los procesos de cambio o conservación de las sociedades. Son términos que se complementan, a esto, se puede añadir la psicología social, que viene a ser como los pensamientos, sentimientos y comportamientos que son influenciados por la presencia real, imaginaria o implícita de otras personas.
Por lo visto en términos generales, la futbolización es un comportamiento de la sociedad, inducida por las interacciones de las personas, que buscan a más de identificación, una actividad productiva y un bien común.
Pero, este fenómeno y otros podemos discutir desde el punto de vista de política social. Muchas de las tesis políticas y discusiones ideológicas buscan la igualdad como parte de la justicia social, tesis discutible bajo ciertos miramientos, unos en favor otros en contra, de tal forma, que, este modo de ver las cosas ha llevado a la formación de ponencias y potencias, diferencias que inclusive han traído persecuciones y guerras en caliente y frío.
La discusión puede ser extensa, pero lo cierto es que no existe igualdad verdadera y duradera, se podría sesgar en peor, con la igualdad de oportunidades, y con la confiscación del que más tiene; sin embargo, estas deducciones involucradas en un partidismo de extrema izquierda, que se opone a la libre actividad y convivencia del individuo, en la que cada persona es dueña de su propio proceder, dones, cualidades que pueden hacer la diferencia y, no es el Estado el dueño de su vida. Hay discusiones fascistoides, en que el Estado debe ser el controlador de esa condición social, y aquí podemos meter al futbol, específicamente al futbolista, que nació pobre, y qué, siendo dueño de un don, una cualidad que lo hace sobresalir frente a los demás, debido a lo cual sus ingresos son altos, el Estado no puede repartir ese don natural y sus ingresos a otros. Muy diferente sería, que las altas ganancias de los futbolistas puedan ser invertidas y dar oportunidades deempleo, que ya muchos de ellos lo hacen, ayudando a su familia, a sus pueblos de origen con obras sociales, es decir compartiendo sus ganancias.
El futbol, desde que tuvo su partida de nacimiento, fue un entretenimiento grupal, que atraía a grupos humanos de bajo estrato, el socialismo, adueñado por los llamados intelectuales de clase media, decían que se trataba de un distractor de la energía y pensamiento revolucionario, un invento del imperialismo inglés. Inclusive hubo pesadores famosos que criticaron fuertemente en sus escritos, diciendo que era un virus que enfermaba a la gente. Pero no solo fueron ataques de la izquierda, sino que también de la derecha, se decía que esa idolatría solo era para Dios y no para el Diablo, se dijo que los aficionados eran de mente y alma pequeña.
Como vemos, la sociedad futbolizada tiene sus cosas buenas y tiene esas otras que nos pueden pasar, si al futbol no se le toma en serio desde sus raíces sociales, con sus derechos sociales, que son bienes fundamentales, en la educación, salud, pensiones, seguridad, vivienda, obras civiles, distracción para la convivencia, y solo lo observamos como materia de bienestar económico de grupos que pueden caer en mafias y si los pueblos deciden ir a dictaduras extremistas. Inclusive peor sería, si grupos criminales entran a controlar a sangre y fuego.