Poco tiempo ha pasado de cuando sufrimos la mortal pandemia del SARS-CoV-2, que produjo 12.670 defunciones aquí y 22 millones de personas desaparecieron a escala global, muchos parecen haberlo olvidado, sin embargo, el riesgo existe y tiene dos potenciales disparadores, el uno la fuga casual o intencionada de un laboratorio y otro más remoto si algún terrorista lo dispersa.
El Times, en un ensayo explica la complejidad del problema al señalar que hace unos pocos años atrás (1999) existían a nivel mundial solo 13 laboratorios BSL-4 que son los centros de investigación biológica del más alto nivel, entre ellos Argentina y Brasil. Sin embargo, dado el avance científico en todos los campos y en especial en biología, señala que en la actualidad hay 53 en 22 países y algunos de ellos dentro de ciudades con alta población, independientemente de que puedan haber otros en lugares no conocidos.
El propósito inicial de crear y mantener estos centros es analizar riesgos, investigar y crear vacunas que protejan, pero el riesgo sube si ocurriera una fuga no intencional o lo contrario desatando una pandemia de intensidad local o global, dependiendo del tipo de organismo y cuán rápido se pueda controlar.
El Ébola está atacando nuevamente países africanos con intensidad, al parecer tienen fármacos para el control, pero sigue produciendo víctimas, en nuestro continente tenemos el Hantavirus, altamente peligroso y con preeminencia en los Andes, contagia a través de la orina y excrementos de ratones como vectores del virus.
La crónica advierte la amplia dispersión de los centros de investigación ya que, pese a las más estrictas medidas de seguridad, siempre habrá probabilidad, aunque mínima de un accidente y quizá también riesgo de acciones terroristas que provoquen una fuga.
El tema recuerda nuestra fragilidad como sociedad envanecida, cuando seres casi invisibles pueden cambiar el destino de todos, implicando la necesidad de que los gobiernos presten la mayor atención posible a la salud como bien existencial y actúen con eficiencia ante una eventualidad, evitando a los corruptos que siempre están atentos.
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