Después de los partidos de nuestra selección con Costa de Marfil -que perdió uno por cero y luego del empate a cero goles con Curazao-, llovió toda clase de comentarios. Y claro, se buscaban culpables y responsables. Es una tendencia humana comprensible. Era aún más doloroso si había altas probabilidades de lograr éxitos, dadas las altas ejecutorias del equipo nacional para competir en tan competitivo certamen internacional. Un cuadro, conformado por figuras que integran grandes equipos europeos, abrigaba no solo la esperanza si no la seguridad de que tenía muchas probabilidades de pasar, al menos, a la siguiente fase. ¡Y lo logró!
Muchos no esperábamos el triunfo sobre Alemania el pasado jueves 25, por el marcador de 2 x 1, tras ir perdiendo en el minuto dos. Empataron con un soberbio gol de Nilson Angulo en el minuto 20 del primer tiempo; en el segundo tiempo, Gonzalo Plata en el minuto 78 se consagró anotando un fenomenal gol. El estadio de New Jersey rugía: se escuchaban gritos en cada gol y al finalizar el partido apareció una sensación de tranquilidad por el triunfo, como diciendo, ¡sí se pudo! Un público repleto de ecuatorianos que alentaron sin cesar y a todo pulmón, fue parte de esta gran hazaña.
Antes de este triunfo, Beccacece era acusado de ser el principal culpable; luego se lo reconoce como buen entrenador. Varios jugadores fueron descalificados y no debían ser parte de la selección nacional. Los dirigentes no se salvaron y también les dijeron de todo. Al presidente Noboa le tildaron de saco de sal, al haber asistido al partido con Curazao. Hubo ciertos dirigentes políticos despistados que hicieron de esta cuestión un tema político para atacar al presidente por no haber avisado que iba a asistir al compromiso en respaldo a los jóvenes deportistas.
Los cronistas y comentaristas de fútbol a nivel mundial reconocían que Ecuador es un equipo sensacional; que preveían grandes logros, dado que clasificó segunda en las eliminatorias, después de Argentina, iniciando con tres puntos menos. El propio entrenador de Alemania manifestó que Ecuador fue el justo ganador del encuentro. Nos llenó de gran emoción escuchar nuestro himno nacional, cantado por miles de miles de ecuatorianos. Hay que hacer presente que, para llegar a ser un equipo de alta competencia, tuvo que pasar procesos de cambio de mentalidad, de pequeña a una de superación en todos los sentidos. El cambio comenzó con Dusan Draskovic.
El 30 de junio, Ecuador se midió con México en el mismísimo estadio Azteca y todo se derrumbó. La noche previa, desadaptados hinchas mexicanos, fueron al hotel donde se alojaba la Tri y con gritos e insultos al país trataron de minar su tranquilidad y descanso. Penosa actitud tercermundista, aupada por malos e irresponsables periodistas y comunicadores, ha sido fuertemente criticada en el medio mundialista. Ellos quedaron muy mal y será recordado este penoso evento deslucido como una impronta característica de uno de los anfitriones que no estuvo a la altura del evento.
Un Ecuador desconocido jugó contra un México local y anfitrión. Dos a cero fue el marcador. No tuvo las ejecutorias exhibidas en los compromisos anteriores. México hizo lo suyo y nos ganó. Con esto nos queda la impresión de que todavía hay mucho por hacer para lograr mejores resultados en el futuro. Al margen de lo anterior, es muy dañino que muchos periodistas generen en el público abrigar falsas expectativas y que al final las derrotas sean más dolorosas.