¿Los dejarán gobernar?

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Finalmente ya sabemos quiénes serán los gobernantes de Colombia y Perú. Luego de procesos electorales complicados y con resultados que merecen ser analizados por cientistas sociales y más entendidos en este tipo de resultados. Por muy pocos votos, tanto De la Espriella como Fujimori, lograron triunfar. La ciudadanía está dividida entre la derecha y la izquierda, lo cual resulta muy compleja la gobernabilidad y cada medida que adopten será objetada, combatida, generando permanentes reclamos y actos violentos en contra de todo lo que aparezca al paso.

La denominada izquierda en nuestros países -inspirada en el marxismo-leninismo-, no es democrática; se trata de organizaciones que basan su actuar en la reivindicación de supuestos derechos sociales, como método para captar adherentes: son discursos vendibles y fácilmente creíbles por la gente que solo espera que los milagreros populistas les resuelvan todos los problemas. De ahí que la batalla cultural ha sido el talón de Aquiles de la derecha que todavía no atina cautivar a la gente solo con el discurso de la libertad política y económica como instrumentos de desarrollo.

Reconocidos escritores analizan detenidamente lo que se entiende por batalla cultural, coincidiendo que se trata de un conflicto ideológico por el dominio de los valores, costumbres, símbolos y creencias de una sociedad y que “no se libra en las urnas, sino en la educación, los medios y el arte”. Por ello tienen tanto éxito, debido a que lo potencian quienes tienen amplia y permanente capacidad para difundir y generar estas ideas por los medios más apropiados de llegar pero que confunde a la gente.

Es tan poderoso el discurso de estas sectas que todavía se mantienen y siguen pregonando como normas de fé, a pesar de que han fracasado estrepitosamente; continúan siendo ilusas e impracticables, pero mucha gente sigue esperanzada que son las que deben primar y gobernar a los pueblos, en la permanente búsqueda de la ansiada igualdad, basada en la lucha de clases. Los hechos más bien dan cuenta de que la igualdad es hacia abajo, hacia más pobreza, tierra fértil para generar más votos por logra más devotos, pero sus recetas no dieron el resultado que vendieron sus creadores y luego sus aprendices seguidores.

Siendo este el panorama, vemos con preocupación la situación de los actuales gobiernos que lograron en Latinoamérica salir del socialismo del siglo XXI, pues harán lo que saben hacer bien: tratar de armar toda clase de broncas y hasta intentar derrocar a los gobiernos legítimamente constituidos. No tienen otro discurso que el de la violencia para amedrentar a los ciudadanos e impedir que los países logren salir adelante, dentro de un régimen democrático. Kast en Chile lo está viviendo y seguro que Colombia y Perú recibirán la misma medicina castro – chavista.

En este estado de cosas, lo que cabe es que los países -que han logrado escapar de estas tendencias comunistoides-, se unan para formar un gran frente común que los enfrente en la lucha permanente por mejorar las condiciones que hacen posible las reales reivindicaciones: vía la generación de empleo, seguridad jurídica para garantizar las inversiones nacionales y extranjeras, la eliminación de grupos de delincuencia organizada que minan las condicione de vida de la ciudadanía. No es posible que siga el resentimiento hacia quienes han generado bienestar. Es penoso recordar lo manifestado por Juan Bautista Alberdi, gran pensador argentino: “El socialismo es la revolución vengativa contra la riqueza ajena”. Además, como utopía, éstas ideas son inalcanzables, sueños de los que viven del cuento y disfrutan a costa de los demás. 

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