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Las elecciones presidenciales del 14 de abril pasado sorprendieron a todo el país y fuera de él, por una inesperada y contundente victoria para reelegir al joven presidente Daniel Noboa en segunda vuelta, luego de una apretada contienda en primera ronda, en la que terciaron 16 candidatos de todo color y olor. Más allá de la olímpica ventaja de más de “un millón cien mil votos”, la pregunta del millón era ¿de donde salieron tal cantidad de votantes?

La respuesta se encontraba a la vista de todos, el mismo día de las elecciones. Apenas horas antes del día “D” aterrizaron en el electorado unas cuantas bombas explosivas lanzadas como misiles tierra – tierra desde territorio venezolano, mexicano y belga, con el ánimo de convocar a los votantes que sean aficionados o fanáticos del desastroso modelo castrista que, luego de convertir a Cuba en un pueblo de miseria, contaminó a varios países de la región, cual enfermedad terminal. Así pasó de Venezuela a Nicaragua, Bolivia, Venezuela, Guatemala, etc. Ahora pretendían recuperar la joya de la corona, perdida hace 8 años.

Estas bombas aterrizaron en la memoria de quienes hemos sido bendecidos por más de sesenta y cinco años, quienes hemos vivido con fervor, civismo y amor a la Patria de nuestros hijos, nietos y biznietos. Jamás se han borrado las enseñanzas en valores, de nuestros padres y maestros. Crecimos sabiendo lo que era bueno y malo. Valoramos siempre la honestidad, amor al trabajo y respeto a nuestros mayores. Más, los años pasaron y las normas de conducta cambiaron para mal. Sin embargo, los de la “vieja guardia” hemos mantenido celosamente nuestros principios, que consideramos un tesoro que nos negamos a que desaparezca.

Explotadas estas bombas, despertaron en nuestras mentes aún lúcidas, penosos recuerdos de la aplicación de la “receta castrista” desde el inicio de la revolución cubana, que no ha cesado hasta el día de hoy. Los “comités de la revolución” impusieron la mano dura e implacable del dueño y señor del pueblo otrora libre y próspero, para someterle de por vida. Su aplicación en el país llanero logró los mismos nefastos resultados. Pero en Ecuador, la clase “sabia” ha despertado para detener el avance de las fuerzas destructoras que llegan disfrazadas de un falso socialismo que más bien debería llamarse S$XXI por el ingrediente de corrupción que pulveriza las arcas fiscales en nombre de un paternalismo insostenible.

Se equivocaron. Ecuador cuenta con un ejército de soldados en servicio pasivo, inclaudicables, aguerridos, que no le temen a nada, dispuestos a defender en cualquier campo a su prole y están vigilantes 24-7. Son incondicionales con la Patria y superan cualquier limitación física a consecuencia de la edad, para cumplir con su juramento a la bandera. La incursión de fuerzas invasoras convocó a este batallón de ecuatorianos de “primera” para desechar a los kamaradas que querían tomarse el poder a como dé lugar.

Las tropas se hicieron presentes en los recintos electorales con la frente y el espíritu muy en alto, arengando a las generaciones menores para avanzar a paso de vencedores, hasta ganar legítimamente esta gran batalla. Horas mas tarde, se decretaba la victoria. El país se había salvado de la invasión de fuerzas ocultas que hasta los últimos días de campaña habían ocultado sus verdaderas intenciones. Pero no lograron engañar a los más “sabios” de esta sociedad.

En este gesto patriota de los mayores, ha quedado evidenciado lo que representa una sociedad que cultiva valores y no ambiciones, y penetración de culturas materialistas basada en ideologías ajenas al país de Manuelito, que se niega a morir. Loor a nuestros mayores.

¡VIVA LA SABIDURÍA!

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