La “nueva Asamblea” para el “nuevo Ecuador” se ha instalado, con gran expectativa de los ciudadanos para salvar la Patria por los siguientes cuatro años. El pueblo se ha pronunciado de forma contundente dando la partida de defunción al menos a 12 partidos que se arriesgaron a presentar candidaturas para presidente y asambleístas. De ser así, estaríamos presenciando un “relevo generacional”, muy esperado por un país inconforme con la gestión de los viejos partidos. Dejando de lado una pequeña votación que logró Pachakutik y Social Cristianismo, 88% de votos se dividieron a partes iguales entre el ala populista mal llamada izquierda y el flamante partido ADN fundado por Daniel Noboa, quien se define como de centro izquierda.
Este panorama es muy similar al espectro político en nuestra región, inclusive en Estados Unidos, Canadá y Europa. La izquierda europea está representada por un modelo de socialismo moderno, que ha logrado un alto standard de vida para sus habitantes. Mientras que en Estados Unidos se polarizan entre republicanos y demócratas,moviéndose hacia una polarización marcada, que en el caso de la derecha llega al extremo, con Donald Trump como su líder. Mientras que la izquierda moderada está en decadencia, por falta de líderes y renovación ideológica.
En Latinoamérica, el fenómeno es distinto. Su tendencia se marcó con la revolución cubana de 1959. Al finalizar el siglo XX, la caída del muro de Berlín marcó el fin del comunismo en el mundo. Fidel Castro reinventó su revolución y dio partida de nacimiento al populismo mal llamado Socialismo del Siglo XXI en el Foro de Sao Paulo, utilizando a Hugo Chávez como conejillo de Indias para experimentarlo, bajo su celosa vigilancia. Mientras que las viejas corrientes de izquierda que siempre pelearon su espacio en LATAM, dormían soñando en glorias pasadas, el nuevo populismo avanzó hasta conquistar varios países, incluyendo Ecuador. Lo penoso del experimento es que esta ideología se contaminó por la corrupción, al punto que se ha convertido en la guarida de delincuentes de cuello blanco que se apropian de al menos 20% de la inversión en obra pública.
Ecuador le puso un alto al proyecto SS XXI desde 2017, en que Lenin Moreno aborreció de lo que llamó “cualquier pendejada a la que llaman socialismo” y enderezó el rumbo del país, empezando por nombrar un nuevo CPCCS con la venia del electorado y desmontó el andamiaje montado por sus ex coidearios para cuidar las espaldas de quienes utilizaron el poder para graduarse de millonarios. Por tres ocasiones más, el SS XXI intentó recuperar el poder, y esta vez con intenciones de jamás devolverlo. Oportuna y acertadamente, emergió un nuevo líder desde la nueva clase de ciudadanos del mundo, con una visión de futuro, preparado en alta tecnología, alejado de ideologías caducas y dispuesto a enfrentar los grandes problemas que la clase política ha evadido convenientemente.
Esta nueva asamblea, en que participan nuevos rostros y hasta 20 jóvenes menores de 29 años, deberá demostrar la capacidad de aprendizaje, aunque no se entiende con precisión quienes serán sus maestros. Es un experimento arriesgado, pero quizás arriesgamos menos que devolviendo el poder a la misma pandilla que nos trajo a donde estamos. Estos “guambras” dicho con el afecto que los quiteños tienen a los chicos que corretean alegremente sin preocupaciones, bajo la mirada de los mayores, estarán bajo la lupa de todos. Aunque no son mayoría, un solo voto puede marcar la decisión sobre cualquier ley en estudio. Tendrán que poner su mejor esfuerzo para entender el entorno que les rodea, estudiar los temas que les corresponda abordar y resolver pensando en su país. Les deseamos suerte.
¡SIN AMILANARSE!