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Hay seres humanos que nacen con el privilegio de conocer los colores antes que la memoria se despierte. Extracto de un hogar donde su padre entremezclaba los colores.

Freud decía: si tienes oídos que no oyen, ojos que no pueden ver, labios que callan, son los pulpejos de los dedos los que se expresan. Es decir, son estas las ponencias de la estructura orgánica de aquellos que el destino señaló para interpretar los iconos del inconsciente, de representar lo que la naturaleza nos ofrece y la instrucción que nos ilustra. Estoy hablando de los artistas del dibujo y los colores, aquellos que viven y nos hacen vivir emociones y pasiones dentro de la esfera del razonamiento y el discernimiento. Son personajes que nos trasladan a espacios diferentes, nos sacan de la realidad viviente al mundo de la imaginación y los sueños.

Posiblemente, sea este el volumen de valores humanos y sobre humanos que se han realizado en el maestro Nelson Román Chacón. Un personaje que viene coqueteando con el color del pajonal, la blancura de las nieves, la variedad en las flores, el azul del cielo y el verde de los prados de la provincia de Cotopaxi; saboreando el dulce elaborado con el pintoresco capulí, la fruta de los huertos, el almibarado de las abejas; que lleva en sus receptores nasales el olor del pasto, de los quesos de hoja, de la masa de hallulla y tortilla de palo; que se ha enamorado del frio de su tierra y el calor de su hogar. Naturaleza toda, que se mezcla luego, al viajar a prepararse, con los hierros de la torre Eiffel, la estructura de los museos, el ruido sin silencio, lo incoloro del afecto, el cemento de su piso y un cielo sujeto a estaciones.

Su formación y obra motivada, lo ha transportado a pedestales y ostentar premios internacionales. Sus colores han producido controversias, pero ahí están plasmados en murales y en períodos vencidos de su producción, las figuras en escuelas pictóricas, épocas y motivaciones personales. El azul Román es el estandarte de su lucha.

En hora buena, que su Patria también lo premie, y sea el ganador del premio “Eugenio Espejo al arte”, no solo por ser un embajador de cultura, sino no porque es un ser humano que ha luchado por superar las limitaciones que nos acuna.

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