El estado de ánimo de los ecuatorianos se encuentra bajo. No es para menos, con una acumulación de sucesos que se remontan al 2020, cuando despertamos con la penosa noticia de la llegada del COVID 19 y que debíamos enclaustrarnos para salvar la vida. En 2021, el presidente Guillermo Lasso inició su período, con una Asamblea en contra, controlada por una oposición desesperada por regresar por más. Como por “mera coincidencia”, se destapó una ola de violencia jamás experimentada en nuestro, otrora franciscano país, quedando la población a merced de grupos que se enfrentaron por toda nuestra geografía, llegando a figurar como uno de los países más peligrosos del mundo.
Este panorama sombrío desembocó en la muerte cruzada que establece la Constitución de Montecristi, activada por Lasso para evitar ser destituido por los voraces adversarios, que no podían dejar pasar la oportunidad de acceder al añorado sillón de Carondelet y detener la “persecución” que, pobrecitos, había iniciado como consecuencia de la “conversión” de Lenín Moreno, que les convirtió en “líderes en el exilio”. Para angustia de los lobos feroces que acechaban desde sus madrigueras, apareció un joven actor que se alzó, democráticamente, con la presidencia. Nuevamente, entramos en el círculo vicioso de inestabilidad, gracias a la clase política que no tolera compartir el poder con alguien extraño a su círculo.
Con actitud valiente, declaró la “guerra” a los grupos responsables de la grave crisis que se agravaba día a día. Este corto período, le ha tocado gobernar con severas limitaciones de recursos económicos, fruto del imperio del paternalismo arrastrado desde 2007, como expedito camino para quienes se mantuvieron en el poder. Sin partido político, y a pesar de los “papitos” de la política corrupta, avanza a paso de vencedor hacia los comicios de febrero próximo, para medir fuerzas con 15 joyitas. La campaña oficial apenas ha iniciado, a conveniencia de los más de 2.600 candidatos a asambleístas y presidentes, y con ella, el paso del “circo” con perdón de los verdaderos payasos de profesión.
Esta campaña se transformará en una verdadera guerra virtual. Mientras los cabezas de lista, quienes son los únicos que realmente tienen opción de ser elegidos, han iniciado la romería, por todos los rincones de la Patria, demostrando sus capacidades para actuar a gusto de los votantes. Gracias a la manipulación de los dueños de las tiendas políticas, los electores únicamente pueden consignar un solo voto por una LISTA. Los demás candidatos detrás de ellos, únicamente figuran para hacer de señuelos y cumplir el requisito del CNE. Con estos antecedentes, nos trasladamos a las calles de nuestro país para observar lo que ocurre.
Para llamar la atención de los aspirantes a ser elegidos, se estila una especie de marcha que se asemeja a la llegada del CIRCO al pueblo de Macondo, de Gabriel García Márquez. Excepto que los acróbatas, brujos, lectores de cartas, etc. eran auténticos y lo hacían por convicción. Mientras que los candidatos se limitan a un ejercicio demagógico y populista, para intentar convencer, con un lenguaje forjado para el efecto y ofertas ilimitadas, que alucinan a los incautos observadores.
Para cerrar el compromiso del voto, regalan baratijas contaminadas con la fotito del donante cuya expresión perdida en el infinito sugiere un nivel de éxtasis que nunca se apagará. Mientras que el actor principal se explaya repartiendo abrazos, besos, sonrisas y gesticulaciones fríamente calculadas por sus estratega. Para cerrar, son acompañados de una caravana de gente pagada o voluntaria, aspirando a ganar, no solo las elecciones, sino un carguito para compensar el sacrificio. Es hora de poner un alto a esta forma de llegar a manejar el país.
¡QUÍTENSE LA CARETA!