Con motive de las campañas electorales, se escuchan toda suerte de ofrecimientos para resolver los problemas existenciales de los ciudadanos. Esas promesas caen en la demagogia, pues son meros remedios improvisados para alcanzar el votito que los llevará al poder. Las cosas serán distintas cuando se enteren de la falta de recursos, la acumulación de problemas de promesas incumplidas por anteriores autoridades y la urgencia de atender prioridades inesperadas. En definitiva, una cosa es con guitarra y otra cosa con violín. La gran mayoría de primerizos tiene que aprender del oficio, y cuando ha logrado más o menos tener una visión integral de la complejidad de la misión, ya está de salida.
Partiendo de esta errada forma de lograr el poder, es previsible que el elegido llegará atado a los compromisos adquiridos por fuerza de la competencia, que obliga a cada uno a ofertar algo mejor que sus competidores. No existe algo que se asemeje a una propuesta de mediano y peor de largo plazo. Tanto los candidatos como los electores no están preparados para esto. Apenas se limitan las discusiones a temas coyunturales, superficiales, inmediatos. Todos los niveles de gobierno deberían partir de una evaluación objetiva e integral de su realidad. A partir de esto, se deben plantear objetivos realistas, tiempos de ejecución, recursos necesarios y acciones a tomar en una línea de tiempo. Obviamente, estamos hablando de una proyección al menos a 12 años, como se construye el Plan de Desarrollo y Ordenamiento Territorial (PD y OT) que es mandatorio por el COOTAD.
Estos planes NO deben ser reconstruidos al inicio de cada administración, sino únicamente “revisados” para ajustarlos a las condiciones financieras, técnicas, administrativas, etc,. Así se marca un rumbo para lograr los grandes objetivos establecidos con participación mayoritaria de la ciudadanía. No se trata de planificar con la sola visión del partido gobernante en una provincia, cantón o parroquia. Lamentablemente, no existe esta comprensión ni apertura de los ejecutivos de turno para buscar esos consensos. Más bien hay una competencia entre las fuerzas políticas y el que gana no tiene la menor intención de continuar con los proyectos del anterior, sino intentar algo distinto. Además de limitarse a enfrentar problemas coyunturales, superficiales, clientelares y convenientes a sus intereses particulares o de grupo.
Este celo político nos lleva de mal en peor, pues los problemas de fondo se agravan ante la demanda creciente de servicios de la ciudadanía. Los municipios no han sido capaces de resolver la dotación de agua potable, alcantarillado, saneamiento ambiental, manejo de desechos sólidos, vialidad urbana, tránsito, que son las competencias más criticas y complejas. Los gobiernos provinciales enfrentan con pocas posibilidades de resolver, las competencias de riego, vialidad rural, productividad y medio ambiente. En Cotopaxi, se trata de un territorio extenso que requiere de soluciones de gran envergadura que demandan recursos que, con la estructura actual, jamás se podrán hacer realidad. Nada se hace para alcanzar fuentes de recursos suficientes y sostenibles en el tiempo. No existen ni siquiera reuniones en que se discuta esta realidad y se propongan soluciones. Solamente piensan sobrevivir su periodo y que sean otros los que afrontan los problemas de fondo.
Por todas estas razones, no podemos esperar que se haga realidad el sueño de tener ciudades y ruralidad que tengan los servicios y entorno que todos queremos. Vivimos de promesa en promesa, engañándonos con los discursos baratos pero generosos y esperando las próximas elecciones para escoger otro ejecutivo o reelegir alguno que aparece con promesas mejoradas para hacer lo mismo. Es un carrusel de engaños.
¡PLANIFIQUEMOS!