LO QUE LLAMÓ mi atención, en la capilla forrada de fina madera, fue el cuadro de los angelitos. Desde un costado del altar seis caritas aladas, todas distintas, nos veían con ojos humanos, no con miradas angelicales.
La madre Alicia nos contó que esos angelitos eran los hermanos de la fundadora del colegio, la señorita Maria Espinosa Polit. Nacidos y criados en Francia por el servicio diplomático de su padre, habian venido al Ecuador a dedicarse a la educación. Todos célibes, con o sin sotana, se distinguieron por su amplia cultura. El padre Aurelio fundó la Universidad Católica y el padre Juan Ignacio impartió clases su vida entera.
Cuando llegué a la universidad ya le decían Shishipo, ya se hablaba de sus despistes, y ya lo caricaturizaban los dibujantes talentosos. Sus diminutos ojos azules nos miraban a través de unos enormes lentes bifocales. Sonrisa irónica, pero contradictoriamente dulce. Con una voz gutural y un acento afrancesado imponía respeto y repartía burlas por partes iguales. Era machista, pero adorable: “Las mujeres solo vienen a buscar marido”.
El primer día de clase con él era inusual, con la lista de los alumnos en la mano y un plano de la clase en una hoja a cuadros, asignaba un sitio en estricto alfabeto, obviamente yo me tuve que sentar en la última fila junto a Villacís y Viteri. No perdía el tiempo tomando lista, él simplemente miraba el puesto vacío, bajaba la vista a su hoja a cuadros y ponía la falta.
Padre Juan conocía el origen de todos los apellidos, recuerdo que Proaño se molestó porque le dijo que no era de Quito sino de Atuntaqui; Oleas aceptó sonriente que lo llamara “chagra de San Luis”; a mí me preguntó: Señorita Varea, ¿usted es de Latacunga? -Sí, padre, dije orgullosa. -¿Y no le da vergüenza?, río a carcajadas. Lo mío no pasó a mayores, a mi prima María Mercedes sí le puso el mote de Mashca Bonita.
Causó más de un resentimiento. Al compañero Schneider Gómez le dijo sin anestesia y con una risa malvada que hizo temblar la clase: -Vea, vea, ¿usted no será pariente de la puta de la Romy Schneider?
Muchos no lo querían, yo lo amé desde aquel primer día. Siempre hablábamos de él al calor de un café en lo de la señora Berthita, o frente a una cerveza y con música de rocola en el Bar Carrión.
Los compañeros mayores contaban de cuando se había accidentado en la Vespa que manejaba, porque leía en los trayectos. También de alguno que intentó pasarse de listo y le preguntó que cuántos hijos tenía. A lo que Shishipo sin inmutarse respondió: “Ninguno conocido, hijo de puta, solo usted”.
Padre Juan ofició mi matrimonio. Elegantemente vestido de cura se acercó a nosotros en el momento del sermón. Con esa picardía tan suya y la voz gutural y el acento afrancesado nos dijo cosas graciosas, pero la que siempre recordamos es aquella de: En la luna de miel, harán de todo.
Lo visité en la residencia de los jesuitas cuando ya no salía ni daba clases. La vejez lo doblegaba lentamente, pero su cara del angelito del cuadro seguía intacta.
Publicado en la Revista Vistazo, el 1 de mayo de 2025.